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En la Ciudad de México hay cafés que parecen habitar fuera del tiempo, y cuando entras a Curva Café de especialidad sientes que estás entrando en uno de ellos. Aquí los baristas no solo preparan café, lo conversan contigo: te explican cómo cada grano llega desde tierras altas, cómo cada preparación puede cambiar la percepción del sabor y por qué cada taza cuenta su propia historia. El local, pequeño y sin pretensiones, se sitúa en una esquina del Centro, casi escondido entre tiendas y oficinas, pero su reputación crece como si tuviera alas invisibles. Afuera, la ciudad pasa a toda velocidad; adentro, cada sorbo invita a pausar y observar. Más adelante, en una calle arbolada de Roma, Deseo Café de Especialidad ofrece un ambiente sereno donde los clientes parecen sonar como protagonistas de sus propias películas. Aquí las conversaciones fluyen con lentitud deliberada, y cada pastel o tostada artesanal tiene un sabor tan claro como el día que se horneó. Son cafés que no están en ninguna guía famosa, pero que muchos buscan porque saben que aquí se encontró un sentido más profundo del sabor, del barrio, de la vida cotidiana.
