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La Buena Barra empezó en Monterrey como una cantina norteña pero con buena onda: carne al carbón, trago decente y buen servicio, todo en un lugar elegante pero sin mamadas. Les funcionó tan bien que en 2013 llegaron a la capital y se instalaron en una de las esquinas más transitadas de Polanco: Aristóteles con Masaryk.

Desde entonces es parada obligada si buscas ambiente animado y comida que llena. Básicamente juntaron lo mejor de los dos mundos: la cocina regia con sus cortes, salsas y guarniciones de toda la vida, más el rollo urbano de la CDMX.

El lugar tiene varios niveles, terrazas amplias, ventanales enormes y una barra central que es como el corazón del restaurante. La decoración está bien lograda: madera, piedra, luz cálida… todo pensado para que te quieras quedar más tiempo. Por la tarde el ambiente es más familiar, pero cuando cae la noche se transforma: reuniones, cenas largas, música en vivo y copas sin prisa.

En cuanto a la comida, los cortes son de los buenos: rib eye, New York, todo al carbón. También hay mariscos, tacos y las guarniciones clásicas del norte: frijoles con chicharrón, papas al horno, guacamoles para compartir. La carta de cocteles está muy completa, con clásicos y creaciones propias que incluyen destilados mexicanos.

El servicio es de esos que hacen la diferencia. Los meseros preparan algunos tragos en tu mesa, te explican cada corte y te recomiendan según lo que te late. Por eso mucha gente regresa: empresarios, parejas, grupos de amigos que buscan un lugar donde tanto la comida como la experiencia valgan la pena.

Hoy La Buena Barra está en Monterrey, Guadalajara y Cancún, pero la de Polanco tiene algo especial. Es la versión capitalina de la parrilla regia, donde la buena carne, el ambiente relajado y el servicio impecable hacen que cualquier comida se alargue hasta la sobremesa.

📍Cómo llegar: Aristóteles esquina con Masaryk, Polanco. Si vienes del Metro Auditorio, camina por Masaryk hacia el poniente. La reconoces fácil: fachada de piedra clara, ventanales grandes y siempre hay movimiento, risas y ese olor a carne recién asada.

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