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Ciudad de México, 28 de enero de 2026.

La mañana de este miércoles, uhm, ¡fue un lío! Miles de personas en el Metro chilangou estaban atoradas. Varias líneas presentaron retrasos… importantes, forzando a los usuarios a esperar entre diez y quince minutos un tren. Ya saben, lo normal… cada tres o cuatro.

Las líneas uno, dos, tres, seis, A, y B se llevaron la peor parte. En redes sociales, los usuarios chismearon que los trenes no solo tardaban en llegar, sino que al subirse, se paraban, ¡en pleno túnel! Hasta ocho minutos, sin moverse.

“Qué onda, Línea 1, llevamos diez minutos esperando en Pantitlán y nada!”, escribió un usuario encabronado. Otro, compartió: “Vine temprano ¡y peor! Ya quince minutos en Cuitláhuac, Línea 2, ni un tren”.

El asunto armó tremendas aglomeraciones en los andenes… desde temprano.
Mientras, la cuenta oficial del Metro anunciaba a las 630 am un avance “constante” y afluencia “moderada”, declaraciones que desataron protestas de usuarios inmersos en una vivencia radicalmente opuesta.

Al indagar sobre la situación, la respuesta del Metro permanecía inalterable: “sin incidentes, solo alta afluencia”, una y otra vez.

Para las 700 am, autoridades del Metro admitieron la elevada afluencia en las Líneas 2, 3, 6, 8 y 12, lo que resultaba en mayores tiempos de espera, ¿sabes?

Fallos como estos se han vuelto cotidianos en el crucial sistema de transporte capitalino, a pesar de las renovaciones implementadas en años recientes. Para los millones que dependen del Metro, estos retrasos implican impuntualidad, iniciando el día con mal pie.

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