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En una calle discreta cerca del cruce entre Cuauhtémoc y Doctores, Ryo Kan parece un portal hacia otro país.

El edificio, diseñado bajo principios de arquitectura japonesa contemporánea, combina madera natural, concreto y piedra volcánica. Al entrar, el ruido de la ciudad desaparece. Lo primero que se percibe es el olor: cedro, jazmín y vapor.

El lugar funciona como hotel boutique, pero su diseño lo convierte en destino estético por sí mismo. Los pasillos son estrechos y silenciosos, las habitaciones se abren hacia un jardín interior con bambúes y luces cálidas. Cada detalle transmite serenidad: las puertas corredizas, las tinas de baño al aire libre, las lámparas de papel, los tatamis de paja trenzada.

En el rooftop hay tinas japonesas individuales rodeadas de vapor, desde donde se puede ver el cielo entre edificios. Es una escena que parece sacada de una película de Wong Kar-Wai: niebla, reflejos y silencio.

El servicio incluye té verde servido en tazas de cerámica artesanal, incienso encendido por la tarde y espacios pensados para la contemplación.

📍 Río Pánuco 166, Cuauhtémoc (a unos pasos de la Roma y Doctores).

Imperdible: experiencia de baño japonés y desayuno tradicional con arroz, miso y frutas.

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