Como si el tiempo no pasara
Entre los edificios del Centro Histórico y a unos pasos del Metro San Juan de Letrán, hay una entrada discreta que conduce a uno de los cafés más encantadores del rumbo: La Ruta de la Seda Café Centro.
Ubicado en un edificio antiguo, este café tiene luces tenues, paredes con ladrillo expuesto y una atmósfera que parece suspender el tiempo. Lo fundaron los mismos creadores del famoso café de Coyoacán, y su versión del Centro se ha vuelto refugio para quienes necesitan un descanso del ruido.
El aroma a pan recién horneado y café orgánico llena el ambiente. Los meseros caminan despacio; las conversaciones fluyen sin prisa. A veces hay música en vivo, lecturas o pequeñas exposiciones.
“No quisimos hacer otro café de paso —dice la encargada—, queríamos un espacio para escuchar.”
El sótano donde se ubica conserva la esencia de los años 40: madera, libros, y un toque de nostalgia. Muchos llegan solos, se sientan con su laptop o un cuaderno, y acaban charlando con extraños.
Es uno de esos lugares donde la ciudad parece detenerse un rato, solo para respirar.
