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A la vuelta del Metro Fray Servando, justo en la calle Topacio, hay un lugar donde el aroma a mantequilla empieza antes de ver el letrero. Se llama La Espiga Dorada, una panadería tradicional con fachada color crema que lleva más de cuarenta años perfumando las mañanas de la colonia Tránsito.

El horno se enciende desde las cinco. Don Ricardo, panadero de oficio y manos curtidas, prepara conchas y orejas al ritmo del bolero que suena en su radio viejo. Su nieta, Mariana, acomoda los bizcochos de nata y las piezas calientes que brillan con azúcar bajo la luz amarilla del local.

Aquí no hay prisa ni diseño minimalista. Los vecinos llegan con confianza, piden “lo de siempre” o se quedan a platicar en la banqueta mientras el pan termina de salir. Algunos entran solo para oler, como si ese aroma bastara para empezar bien el día.

En un barrio que cambia con cada nuevo edificio, La Espiga Dorada resiste como un pedazo de memoria viva. Los precios siguen escritos con plumón en una cartulina, y el café se sirve en vaso de unicel. Pero nada de eso importa: la gente vuelve porque sabe que en cada pan hay historia, oficio y cariño.

📍 Panadería La Espiga Dorada — Calle Topacio 94, Col. Tránsito, CDMX. A dos cuadras del Metro Fray Servando.

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