Durante décadas, hablar del mercado laboral en México era referirse a un gigante con pies de barro: una fuerza trabajadora inmensa, que sostiene a un país entero con su esfuerzo pero atrapada mayoritariamente en la informalidad.
Sin embargo, al iniciar este 2026, los datos nos invitan a una reflexión si bien cautelosa, con reservas; sin dudas, también optimista. La formalidad laboral no es solo un registro burocrático; es la llave maestra para la seguridad social, la vivienda y el retiro digno de millones de familias.
Las cifras más recientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) son contundentes. Al cierre de 2025, México alcanzó un hito histórico al superar la barrera de los 22.8 millones de puestos de trabajo afiliados. Este no es un número menor; representa una consolidación del empleo formal en sectores estratégicos.
Hoy, la estabilidad representa el 86.7% de estos puestos son permanentes, el nivel más alto del que se tenga registro históricamente.
También, cabe resaltar el reconocimiento de derechos para trabajadores de plataformas digitales у personas trabajadoras independientes que ha sumado a más de 1.2 millones de personas al régimen obligatorio, demostrando que la ley puede adaptarse a las nuevas economías.
México está demostrando que es posible romper la inercia de la informalidad. Los récords de afiliación al IMSS son una victoria colectiva, pero el éxito real de 2026 dependerá de nuestra capacidad para incluir a quienes aún trabajan “en las sombras”. La formalidad es el camino hacia un México con más justicia y capacidad de dignificar la vida del trabajador; sigamos pavimentándolo con políticas públicas inteligentes у por supuesto, responsabilidad empresarial.
