“Soft Life”: Cuando el nuevo lujo es simplemente no estar exhausto todo el tiempo

Hay una nueva tendencia que está redefiniendo completamente lo que significa “vivir bien”, y se llama “soft life”. Si nunca has escuchado el término, básicamente se trata de priorizar el descanso, el equilibrio y las experiencias no saturadas sobre el grind constante y la productividad tóxica. Es el antídoto perfecto para una generación que creció escuchando “hustle culture” y que ahora está colectivamente agotada.

En la Ciudad de México, esta tendencia está teniendo manifestaciones muy concretas. Hoteles boutique como Brick Hotel y diversos espacios wellness están reportando un aumento del 30% en reservas de escapadas de fin de semana de solo una o dos noches. No se trata de vacaciones largas y elaboradas; se trata de microescapadas intencionales para literalmente no hacer nada productivo.

El perfil de quien está adoptando esta tendencia es revelador: mujeres y hombres entre 25 y 38 años con ingresos medios-altos que han descubierto que después de años de carrera acelerada, lo que realmente necesitan no es otro viaje de aventura extrema o una fiesta épica, sino simplemente dormir bien, recibir un masaje decente, y comer algo delicioso sin tener que documentarlo para redes sociales.

Estos espacios están ofreciendo exactamente eso: desconexión digital parcial (porque seamos honestos, nadie va a apagar completamente su teléfono), spas urbanos que te hacen olvidar que estás a 20 minutos de tu casa, y experiencias gastronómicas íntimas en lugares donde no tienes que gritar para que te escuchen.

Lo fascinante es que los expertos en tendencias están viendo esto como algo mucho más profundo que una simple moda pasajera. Es una respuesta directa a la fatiga laboral postpandemia. Millones de personas pasaron dos años trabajando desde su casa sin límites claros entre vida personal y laboral, muchos experimentaron burnout severo, y ahora están recalibrando qué significa realmente el éxito.

Para esta generación, el nuevo símbolo de estatus no es el carro más caro o la casa más grande. Es tener el privilegio de decir “no voy a contestar emails este fin de semana” sin sentir culpa. Es poder tomarse un miércoles libre simplemente porque sí. Es elegir conscientemente la paz mental sobre la productividad constante.

El bienestar sostenido se ha convertido en la nueva aspiración máxima, y eso está cambiando industrias enteras. Desde cómo se diseñan los espacios de trabajo hasta qué tipo de experiencias están dispuestas a pagar las personas, todo está girando hacia esta idea de que vivir bien significa, ante todo, vivir sin estar constantemente al borde del colapso nervioso.

Y honestamente, después de los años que llevamos, era hora de que alguien lo dijera en voz alta: está bien querer una vida suave. Está bien priorizar el descanso. Y definitivamente está bien rechazar la idea de que tienes que estar constantemente haciendo, logrando y demostrando algo para tener valor.

Bienvenidos a la era del “soft life”. Que dure mucho tiempo.​​​​​​​​​​​​​​​​

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