El Parque Fundidora de Monterrey y el Estadio BBVA están siendo, estos días, el centro del mundo para seis selecciones que juegan su última carta rumbo al Mundial. Del 26 al 31 de marzo, México es sede del repechaje intercontinental que definirá los dos últimos boletos para la Copa del Mundo 2026, y el martes por la noche se disputaron los primeros partidos de semifinales. El ambiente en el BBVA fue de los que no se improvisan: miles de aficionados regiomontanos que llegaron a ver equipos que quizás nunca habían seguido, pero que en el contexto mundialista cobran un significado completamente distinto.
Bolivia y Surinam se midieron en el primer partido de la tarde, y lo que empezó como una prueba de resistencia terminó con una victoria que dejó a todos hablando. Surinam, la revelación de la Concacaf, llegó con una mezcla de jóvenes nacidos en Europa con raíces surinamesas y veteranos de ligas del Caribe, y demostró por qué llegó hasta aquí. El fútbol que desplegaron fue directo, físico y con momentos de calidad individual que sorprendieron a más de uno. Bolivia, por su parte, llegó al partido con la presión de una nación futbolera que no ha pisado un Mundial en décadas, y eso se notó en cada balón disputado.
La segunda semifinal, Jamaica contra Nueva Caledonia en el Estadio Akron de Guadalajara, completó una noche histórica para el fútbol en México. Las finales del 31 de marzo ya esperan a los ganadores, donde el contexto es incluso más dramático: la República Democrática del Congo e Irak esperan, y cada uno carga con décadas de historia, conflicto y un hambre de Mundial que va mucho más allá del deporte.
