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El Daikin Park no suena igual cuando juega México, y esta fase de grupos del Clásico Mundial de Béisbol 2026 lo ha dejado muy claro. Miles de aficionados tricolores han viajado a Houston para acompañar a su selección en cada uno de sus tres encuentros, transformando las gradas en algo que se parece mucho más a un estadio azteca que a uno tejano.

Los resultados hasta ahora cuentan una historia de altibajos: arranque sólido con una victoria 8-2 sobre Gran Bretaña, luego un nocaut deportivo de 16-0 contra Brasil —partido que terminó en seis entradas por la regla de piedad— y una derrota dolorosa de 5-3 ante Estados Unidos , en un juego que se decidió con dos jonrones consecutivos en el tercer inning.

Las redes sociales han sido el segundo escenario de esta fiesta: videos de la afición mexicana cantando en los pasillos del estadio, banderas agitándose en cada hit y celebraciones que no distinguen entre victoria y derrota, porque el béisbol mexicano en un Clásico Mundial es, sobre todo, un evento cultural.

Lo que viene ahora es lo que realmente importa: este miércoles 11 de marzo, México se juega el pase a los cuartos de final contra Italia, un equipo que llega invicto al último día de la fase grupal tras sorprender a Estados Unidos 8-6.  El que gane avanza. El que pierda, se va a casa. No hay más cálculos posibles.

La selección mexicana llega a este duelo definitivo con todo el peso de su historia reciente: en el Clásico Mundial de 2023, México alcanzó las semifinales , donde cayó ante Japón en uno de los juegos más recordados del torneo. Esta vez, la afición que llenó Houston quiere ver un desenlace diferente.

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