La Ciudad de México y su crisis inmobiliaria: Cuando vivir en el centro se convierte en un lujo inalcanzable

Hablemos de cifras que duelen: el precio promedio por metro cuadrado en colonias como Roma Norte, Condesa y Del Valle ya superó los $50,000 pesos en desarrollos nuevos. Para que quede claro: un departamento de 50 metros cuadrados (que es básicamente un closet con baño y cocina) te costaría 2.5 millones de pesos. Y eso antes de muebles, mantenimiento o cualquier otro gasto.

El mercado inmobiliario capitalino está absolutamente enloquecido, y hay varias razones detrás de esta locura. Primero, están los profesionistas jóvenes en modalidad híbrida que decidieron que si van a trabajar desde casa dos o tres días a la semana, mejor que esa casa esté en una zona cool con cafeterías, parques y vida nocturna. Ya no necesitan vivir a tres cuadras de la oficina, pero tampoco quieren estar a dos horas de distancia.

Segundo, están los inversionistas que vieron una mina de oro en comprar propiedades en zonas céntricas y rentarlas a corto plazo a través de Airbnb y similares. Es simple matemática: un departamento que podrías rentar en $15,000 pesos al mes de manera tradicional, puede generarte $25,000 o más si lo rentas por días a turistas o visitantes temporales. El problema es que esto reduce la oferta de vivienda para residentes reales y dispara los precios.

Tercero, la ubicación y conectividad se volvieron la nueva moneda de cambio. Con el tráfico infernal de la ciudad, vivir cerca del metro, de ciclovías funcionales y de servicios básicos es literalmente un privilegio. Y como en toda economía de mercado, los privilegios se pagan caro.

Mientras tanto, en las colonias periféricas la historia es completamente diferente. Ahí los precios se mantienen entre $22,000 y $30,000 pesos por metro cuadrado, lo que suena mucho más accesible hasta que consideras que estás hablando de zonas con servicios limitados, transporte público saturado y tiempos de traslado que pueden fácilmente superar las dos horas diarias.

Este contraste brutal está generando conversaciones incómodas pero necesarias sobre gentrificación y desplazamiento social.

Las familias que vivieron durante generaciones en la Roma o la Condesa ya no pueden pagar los nuevos precios de renta cuando los propietarios deciden “renovar” los edificios. Los negocios tradicionales cierran porque no pueden competir con las rentas que pueden pagar las cafeterías hipsters o las marcas internacionales. El tejido social de estas colonias está cambiando radicalmente, y no todos están celebrando.

El sector reportó un crecimiento del 8% anual en valor promedio durante el último periodo. Para los que ya tienen propiedades, es una excelente noticia. Para los que están intentando comprar su primera vivienda, es una pesadilla cada vez más inalcanzable.

La pregunta que nadie en el gobierno parece querer responder es: ¿qué tipo de ciudad queremos? ¿Una donde solo los que ganan 40,000 pesos al mes o más pueden vivir en zonas decentes? ¿O una con diversidad real, donde maestros, enfermeras, artistas y trabajadores de servicios también puedan vivir cerca de su trabajo sin sacrificar la mitad de su sueldo en renta?

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