Si has hecho scroll en TikTok o Instagram en los últimos días, probablemente te hayas topado con videos extraños: personas que caminan a cuatro patas, que aúllan como lobos o que llevan colas y orejas mientras hablan de “sentirse más conectados con su verdadero yo”. No es una escena aislada ni una moda pasajera: se trata de un fenómeno que en redes llaman therian.
Lejos de ser solo un disfraz o un reto viral, los therians —abreviatura de therianthropes— hablan de algo mucho más profundo: una identidad interna que se siente animal, no humana. Esta vivencia no implica que su cuerpo sea literalmente otro animal, sino que su sentido de sí mismos está ligado emocional y espiritualmente a una especie como lobos, perros o gatos.
El término viene de la palabra griega therianthropy, que combina “bestia” con “ser humano”, y tiene raíces antiguas en mitos sobre hombres-lobo u otras figuras híbridas. Hoy, sin embargo, esta idea se ha transformado en una forma de identidad subjetiva que muchos jóvenes describen como involuntaria y duradera, algo que sienten en lo más íntimo de su experiencia personal.
En lugar de verlo solo como una tendencia, muchos expertos lo interpretan como una búsqueda de pertenencia y sentido en un mundo hiperconectado, donde encontrarse con otros que comparten una vivencia inusual puede ser reconfortante. Para algunos jóvenes, sentir que encajan en una “manada” o comunidad con intereses similares es mucho más que un video viral: es una manera de explorar quiénes son y qué lugar ocupan en el mundo.
Como todo lo que surge en redes, hay debate: hay quienes lo celebran como expresión de diversidad y quienes lo cuestionan. Pero detrás de cada video curioso, hay historias humanas de adolescentes y adultos que están intentando entenderse a sí mismos y conectar con otros que sienten lo mismo. ¿Qué nos dice esto sobre cómo las nuevas generaciones construyen identidad en la era digital? Esa quizá sea la pregunta más importante.
