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📍 Ignacio Allende y Xicoténcatl, Coyoacán, CDMX
Hay lugares que no necesitan presentación, porque se presentan solos desde la esquina. En Coyoacán, ese lugar es el mercado. Antes de que lo veas, lo hueles: chile tostado, pan recién hecho, guisos con comino, jugos de naranja recién exprimida. Todo pasa al mismo tiempo, como si el reloj se detuviera ahí, entre los pasillos donde la vida chilanga se siente más sabrosa.
En el Mercado de Coyoacán, las señoras de los puestos te saludan por nombre aunque nunca te hayan visto antes. Te ofrecen “una probadita, mi amor”, y con eso ya te ganaron. Hay una mezcla perfecta entre caos y cariño, entre voces que se cruzan gritando precios y carcajadas que salen de las fondas.
La tostada de pata es la reina, el huarache de cecina el eterno rival, y los jugos de naranja con betabel la energía que mantiene viva la mañana. Si vienes un domingo, verás a las familias llegar con calma, a los turistas buscando un molcajete como recuerdo, y a los vecinos que no fallan con su puesto de siempre.
El Mercado de Coyoacán no es solo un lugar para comprar: es un punto de encuentro, un mapa de emociones y recuerdos. Cada puesto cuenta una historia, cada receta tiene apellido. Aquí no hay poses ni modas; hay sabor, hay gente, y hay ese tipo de energía que solo se encuentra cuando la vida se cocina a fuego lento.
