El jugo de la vida
Frente al Metro Mixiuhca, donde el tránsito nunca se detiene, hay una barra metálica que brilla al sol. Detrás está Don Rogelio, mejor conocido como El Güero, un hombre que lleva más de cincuenta años sirviendo jugos naturales en el mismo lugar.
Su puesto se llama Jugos El Güero, y es parte del paisaje diario de la colonia Jardín Balbuena. A su alrededor hay puestos de quesadillas, talleres y el ruido de autos, pero él mantiene su ritmo tranquilo, exprimiendo toronjas con una precisión casi musical.
En su libreta tiene dibujos hechos por niños que hoy son adultos y aún lo visitan. “Aquí crecieron tres generaciones —dice—, y todos siguen viniendo por su jugo de zanahoria o su licuado de plátano.”
No hay azúcar, ni pretensiones. Solo frutas frescas, vasos llenos y conversación amable. Los vecinos dicen que Don Roge tiene una memoria prodigiosa: recuerda pedidos, historias y hasta los apodos de cada cliente.
“Los jugos quitan la sed, pero la plática te cura el ánimo”, bromea mientras exprime otra toronja. Y tiene razón: en medio del caos urbano, su puesto se siente como un recordatorio de que lo simple también alimenta el alma.
