
Foto: Ricardo Burgos
Por Ricardo Burgos Orozco
Después del zafarrancho, pantomima — o como lo quieran llamar – por Cuauhtémoc Blanco en la Cámara de Diputados el pasado 25 de marzo para aprobar el dictamen presentado por Morena y rechazar la solicitud que presentó la Fiscalía del estado de Morelos del retiro de su fuero, me acordé de cierto reportero novato cuando cubrí la fuente política que se creía que eran reales los pleitos de los legisladores en la tribuna y en los medios. Después se enteró que se iban juntos a comer y a beber como grandes amigos, hasta la madrugada, en cierto restaurant de la calle de Lafragua.
Lo que sucedía hace más de 40 años cuando reporteaba, sigue ocurriendo, aunque con distintos actores políticos. En los pasillos, corredores, rincones y en los salones camarales todos son acuerdos, convenios, decisiones por debajo del agua, sobre todo entre los líderes partidistas. Eso sí, todos cuidan el “hueso”, la siguiente “chamba” o un puesto en el gobierno. Ninguno piensa en el “pueblo”.
Por eso no se me hizo extraño que el resultado fuera 291 votos a favor y 158 en contra por retirar el dictamen. Ni siquiera se trataba de juzgarlo sino de que el exfutbolista enfrentara sin escudo protector las acusaciones de intento de violación que hizo su media hermana por un suceso ocurrido en la casa oficial cuando Cuauhtémoc era gobernador y que la mujer contó con detalle al presentar la denuncia.
La media hermana de Cuauhtémoc declaró que una noche, el ahora diputado se introdujo a su cuarto, borracho; trató de atacarla sexualmente, pero ella se defendió e hizo que saliera de la habitación sin consumar su propósito. Las diputadas morenistas, del Verde Ecologista y del PRI, que votaron en conjunto, sabían del caso, pero les importó más proteger su quincena y sus privilegios. En el colmo de la ridiculez parlamentaria gritaron en coro: “¡No estás sólo! ¡No estás sólo! Como si se tratara de un inocente desvalido. Incluso lo dejaron subir a la tribuna para defenderse y seguir afirmando que todo es una calumnia de sus enemigos.
Adrián Rueda, reconocido columnista de Excélsior, afirmó, en uno de sus escritos diarios, que el caso de Cuauhtémoc Blanco es una cortina de humo para tratar de desviar la atención de la opinión pública del pavoroso asunto de Teuchitlán, Jalisco y el campo de exterminio o de reclutamiento –como lo llama Omar García Harfuch –. Puede ser; de los políticos de ahora y de siempre podemos esperar todo.
Con su poca fuerza política actual, el PRI se adhiere a quienes sean para mantener sus privilegios y proteger a su líder Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas del riesgo de un desafuero por enriquecimiento ilícito cuando era gobernador de Campeche. Por eso, el PRI votó junto con Morena para rechazar el desafuero de Cuauhtémoc Banco, pese al asco de la opinión pública y de muchos mexicanos.
Y si de políticos seguimos hablando, ahí está Gerardo Fernández Noroña, ahora senador, pero que, como todo elemento indispensable para los fines “grillosos” de la Cuarta Transformación, salta de un cámara a otra y siempre sirve incondicionalmente porque es un excelente polemista que no deja hablar a sus contrapartes en los debates, pero que navega con bandera de austero y se da el lujo de viajar en primera clase – con todo y señora –a un evento parlamentario en Estrasburgo, Francia.
Fernández Noroña primero exigió que le demostraran que viajó en primera clase; luego lo reconoció, aunque asegura que pagó con su dinero gran parte del viaje. Es un sinvergüenza que seguirá manteniéndose con el manto protector del santo patrono de Macuspana, al igual que el cínico de Cuauhtémoc Blanco. Por eso se burlan de la justicia y de las leyes.
Cómo olvidarse de otro político innombrable como Félix Salgado Macedonio, que dejó a su hija el gobierno de Guerrero, sin pizca de experiencia y ahora se apunta para suplirla en el 2027 con todo y acusaciones en su contra por abuso sexual de una mujer que trabajó con él en 2016.
Eso son sólo ejemplos de nuestros políticos mexicanos. Habrá que acordarse de ellos y muchos más muy similares cuando sean las próximas elecciones y estemos parados en la fila de la casilla, bajo los rayos del Sol y esperando horas para ejercer nuestro derecho al voto.