
El presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol , se enfrenta a uno de los momentos más críticos de su mandato tras su fallido intento por decretar una ley marcial, que provocó una fuerte reacción política y social. En una transmisión nacional, Yoon ofreció disculpas al pueblo surcoreano, asegurando que nunca volverá a haber una segunda ley marcial y dejando su futuro político en manos de su partido.
El episodio comenzó el martes por la noche cuando el mandatario sorprendió al país y a la comunidad internacional al ordenar la ley marcial y movilizar tropas al Parlamento. Los diputados de oposición, que dominan la Asamblea Nacional, rechazaron el decreto y lograron forzar su derogación en la madrugada del miércoles. Esto desencadenó manifestaciones masivas y una crisis política que continúa escalando.
Desde entonces, Yoon ha permanecido en el ojo del huracán . Su propio partido, el conservador Partido del Poder Popular (PPP) , considera inevitable su renuncia. Su líder, Han Dong-hoon, afirmó que la continuidad de Yoon en el cargo pone en peligro a la nación y sus ciudadanos.
La oposición, liderada por el Partido Demócrata, ha presentado una moción de destitución que será votada en el Parlamento. Con 192 escaños, necesitan solo algunos votos del PPP para alcanzar los dos tercios necesarios para aprobarla.
Mientras tanto, las tensiones aumentan. Miles de manifestantes rodean la Asamblea Nacional, exigiendo la renuncia al presidente, cuya popularidad ha caído al 13% , según encuestas recientes.
Yoon, quien llegó a la presidencia en 2022 como estrella exfiscal, justificó sus acciones como un acto de desesperación, pero su futuro político parece incierto. Todo apunta a que Corea del Sur enfrentará cambios significativos en su liderazgo en los próximos días.