La motocicleta se ha consolidado en los últimos 20 años como uno de los medios de transporte más importantes en México, no solo por su practicidad, sino también por su impacto económico y social. Según el INEGI, más de 4 millones de hogares utilizan una moto como su principal herramienta de movilidad, y en muchos casos también como fuente de ingresos.
De acuerdo con cifras oficiales, el parque vehicular de motocicletas pasó de poco más de 300 mil unidades en el año 2000 a casi 6 millones en 2021, con un crecimiento acelerado en zonas urbanas, suburbanas y rurales. Este aumento responde a dos factores principales: el bajo costo en comparación con un automóvil y la creciente necesidad de transportarse de forma más ágil en ciudades caracterizadas por su congestionamiento vial.
La moto se convirtió en el vehículo predilecto de varios sectores laborales.
El fenómeno también está vinculado con cambios en la economía. La moto se convirtió en el vehículo predilecto de sectores laborales vinculados al reparto a domicilio, mensajería y comercio informal, actividades que crecieron exponencialmente tras la pandemia de COVID-19. Estudios muestran que un motociclista puede ahorrar hasta 25 días de traslado al año y generar ingresos adicionales de entre un 30% y 100% en comparación con quienes dependen solo del transporte público.
Sin embargo, este auge trae consigo serios retos. La falta de educación vial y de infraestructura adecuada ha derivado en un aumento significativo de accidentes. Tan solo en 2024, la Secretaría de Movilidad de la CDMX reportó que los incidentes viales con motocicletas crecieron un 18% respecto al año anterior. Expertos señalan que es urgente establecer políticas de capacitación obligatoria para nuevos conductores, campañas de concientización y mejores esquemas de aseguramiento.
A nivel social, la motocicleta ha representado un cambio cultural. En muchas comunidades, se percibe como un símbolo de independencia económica, pero también como una solución inmediata ante la precariedad laboral. Organizaciones civiles han advertido que, si bien el crecimiento del sector es inevitable, el reto es transformarlo en un modelo de movilidad sostenible y seguro, que brinde beneficios sin aumentar los riesgos en la vía pública.

